lunes, 18 de agosto de 2008

Aqui un trozo de un poema de uno de mis favoritos
Edgar Allan Poe

El cuervo

Una vez, una taciturna medianoche, mientras
meditaba débil y fatigado,
Sobre un curioso y extraño volumen de sabiduría
antigua.
Mientras cabeceaba, soñoliento, de repente algo
sonó.
Como el rumor de alguien llamando suavemente a la
puerta de mi habitación.
"Es álguien que viene a visitarme-murmuré- y llama
a la puerta de mi habitación.
Sólo eso, nada más".
Ah, recuerdo claramente que era en el frío diciembre.
Y que cada brasa que moría forjaba en el suelo su
espectro.
Ardientemente deseaba la aurora; raramente habría
buscado extraer
de mis libros para mi tristeza, tristeza
por mi Leonor perdida,
la rara y radiante joven a quien lo ángeles llamaban
Leonor.
Para quien, aqui, nunca más habrá nombre.
Y el incierto y triste crujir de la eda de cada cortinaje
de púrpura
me estremecía, me llenaba de fantásticos temores
nunca sentidos.
Por lo que, a fin de calmar los latidos de mi corazón,
me embelesaba repitiendo:
"será un visitante que quiere entrar y llama a la puerta
de mi habitación.
Algún visitante retrasado que quiere entrar y llama a la
puerta de mi habitación.
Eso debe ser, y nada más".

De repente, mi alma se revistió de fuerza; y sin dudar
más
dije: "Señor, o señora, les pido en verdad perdón;
pero lo cierto es que me adormecí y habéis llamado
tan suavemente
y tan débilmente habéis llamado a la puerta de mi
habitación
que no estaba realmente seguro de haberos oído".
Abrí la puerta.

Oscuridad y nada más.

Mirando a través de la sombra, estuve mucho rato
pensando. preguntándome, temiendo,
dudando, soñando más sueños que ningún mortal se
habría atrevido a soñar,
pero el silencio no se rompió y la quietud no hizo
ninguna señal,
y la única palabra allí hablada fue la palabra dicha en
un susurro: "¡Leonor!"
Eso dije susurrando, y el eco respondió en un murmulo
la palabra "¡Leonor!"

Simplemente esto y nada más.

Al entrar de nuevo en mi habitación, toda mi alma
abrasándose,
muy pronto, de nuevo, oí una llamada más fuerte que
antes.
"Seguramente - dije-. Seguramente es alguien en la
persiana de mi ventana.
Déjame ver, entonces lo que es, y resolver este
misterio;
que mi corazón se calme un momento y averigüe este
misterio.
"¡Es el viento y nada más!"

Empujo el postigo, cuando, con una gran agitación
y movimiento de alas
irrumpió un majestuoso cuervo de los santos días de
antaño.
No quizo ninguna reverencia; no se paróno dudó un
momento;
perp, con una actitud de lord o de lady, trepó sobre la
puerta de mi habitación.
trepó en un busto de palas, encima de la puerta de mi
habitación.

Se posó y nada más.

Entonces aquél pájaro de ébano, induciendo a sonreir
mi triste ilusión
a la causa de la grave y severa solemnidad de su
aspecto.
"Aunque tu cresta sea lisa y rasa - le dije-, tú no
eres un cobarde".
un torvo, espectral y antiguo cuervo, que errando
llegas a la orilla de la noche .
Dime: "¿Cuál es tu nombre señorial en la orilla
plutoniana de la noche?"
El cuervo dijo: "nunca más".....

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