Hace muchos años existió en la antigua Grecia una especie llamada los Androginos cuya descripción se deriva a seres muy inusuales, algunos estaban constituidos por parte masculina y femenina y otros eran como los seres humanos que habitan esta tierra; constituidos por su estructura homogénea.
Esta condición se ha tratado en diversos pasajes de la literatura como en obras de Platón, José Ricardo Chavez, Ovido entre otros.
Bueno un día estos seres intentaron cruzar el Olimpo,y fueron interceptados por Zeus quien muy furioso dejó caer un rayo poderoso sobre ellos que los partió por la mitad, separándolos para siempre a cada uno, haciendo que emprendieran su vida sin esa parte que constituyó carácter muy importante en sus vidas.
Hoy en día cada uno busca su otra mitad, algunos Androginos heterogéneos buscan su otra mitad y los homogéneos en esta dificil realidad buscan la suya.
Esta condición es un mito que trata de explicar la diferencia que toma lugar en nuestra sociedad hoy en día; la diferencia entre sexos; hace que entremos en la explicación sobre la homosexualidad y diversas tendencias sexuales NORMALES.
Con Normales me refiero a la exclusión de la bestialidad: pedofilia, zoofilia, etc.
Tratada en los círculos de Dante en la Divina comedia.
A mi parecer la Homosexualidad no es nada extraño, creo que uno debe amarse como es, como fue creado.
Dentro de esta sociedad llena de prejuicios
Esta vida llena de complejos, envidias; que odio ese sentimiento miserable.
¿Por qué se debe ser hombre o mujer?. Por qué si podemos tener algo de uno y del otro.
Qué mejor que un hombre delicado y valiente a la vez.
Qué hay de una mujer fuerte y bella.
LLena de ganas de vivir, levantar objetos pesados, reflejos firmes, valiente y dispuesta.
Creo que para aceptar la diversidad primero se debe salir de la burbuja en que nos encontramos; dejar de buscar en otros defectos y cosas que no nos gustan. Siempre queriendo destruir.
Esa es la cultura en estos últimos días; destruir y ver la sangre de los demás derramada en el piso sucio y llenos de seres siniestros que quieren aprovechar un poco del festín sangriento.
Dentro de cada uno yace un ser que pide ser liberado o que quiere tener una vida plena dentro de nosotros.
Pero algunos tienen ese ser dentro de una cárcel con barrotes de hierro candente que quema las manos, y no permite la liberación ansiada.
Creo que cada cual nace con un carácter homo o hetero flexible.
Sí naces heterosexual y tienes relaciones homosexuales; dejas de ser hetero y serás bidimensional.
Pero eso es otro tema; decisión de cada uno, individual.
Pienso que si se respeta el espacio de cada cual; se vive en paz.
¿Qué es normal en estos días?
Empujarse, no mirarse a la cara, destruir al otro.
Robar identidades; buscando la de uno jajjajajaj por favor no me hagan reir.
La identidad uno se la forma autónomamente!!!
La normalidad en nuestro paìs pasó a ser igual a la dicotomía entre lo bueno y lo malo.
Entre rosas y hongos, entre belleza y repulsión.
Si no arreglamos esto de una vez.
Vamos a vivir con nuestro ello interior desplegado en escenarios de locura realmente extrema.
Debemos ser solidarios, alegres, amistosos y tratar de borrar desencantos.
Y por supuesto vivir con una armadura y una espada en caso de emergencia.
domingo, 16 de agosto de 2009
martes, 11 de agosto de 2009
La loca
Mirad, dijo el señor Mathieu d'Eudolín, las becadas me recuerdan una anécdota siniestra de la guerra.
Creo que conocen ustedes mi propiedad del arrabal de Cormeil. La habitaba cuando llegaron los prusianos.
Tenía entonces por vecina una especie de loca cuyo cerebro se trastornó a impulsos de repetidas desgracias. A los venticinco años, perdió, en un mes, a su padre, a su marido y a su hijo recién nacido.
Cuando la muerte entra en una casa vuelve casi siempre inmediatamente a ella, como si conociera la puerta.
La infeliz, abrumada por el dolor, enfermó y deliró durante seis semanas. Después como si un cansancio tranquilo hubiera sucedido a aquella crisis violenta, quedó sin movimiento, sin comer apenas, moviendo solamente los ojos. Cuando la querían hacer levantar gritaba como si la mataran. Dejáronla, pues, tendida, y únicamente la sacaban de la cama para limpiar y para volver los colchones.
Una criada vieja la servía, dándole de beber y haciendo que de cuando en cuando comiera un poco de fiambre. ¿Qué ocurría en el fondo de aquella alma desesperada? Nadie lo supo jamás; porque la cuitada no volvió a hablar. ¿Pensaba en los muertos? ¿Soñaba sin idea fija? Quizá su pensamiento anulado estaba inmóvil como el agua corriente.
Durante quince años permaneció de aquel modo, muda e inmóvil.
Llegó la guerra y a primeros de diciembre los prusianos penetraron en Cormeil.
Me acuerdo como si fuera ayer. Helaba de un modo horrible. Estaba yo inmovilizado en un sillón, a consecuencia de un ataque de gota, cuando oí el ruido pesado y rítmico de sus pasos. Les vi pasar desde mi ventana.
Desfilaban sin cesar, todos iguales, con esos movimientos peculiares. Los jefes alojaron a los soldados. Yo alojé diecisiete. A la loca le tocaron doce, entre ellols un comandante que era un verdadero borracho, violento, adusto.
Durante los primeros días no ocurrió nada de particular. Habían dicho al comandante que su huéspeda estaba enferma, y poco le importab. Pero el no ver nunca a su huéspeda le irritó; se informó de queé enfermedad tenía, y le contestaron que hacía quince años que no se movía de la cama. No le creyó sin duda e imaginó que la pobre demente permanecía en cama para no ver a los extranjeros, para no hablarles ni rozarse con ellos.
Exigió que la señora le recibiera; le hicieron entrar en su cuarto. Preguntó con tono adusto y estropeado el francés:
-Señora, le ruego que se levante y que baje, para que le veamos.
Ella volvió hacia el militar sus ojos vacíos, sin expresión y no replicó.
-No toleraré insolencias. Si me levanta usted de grado se levantará por fuerza; ya hallaré medio de hacerla pasear.
No hizo la infeliz ni un ademán y permaneció inmóvil como si nada hubiera visto.
El comandante se enfurecía creyendo ver en aquel silencio una prueba de supremo desprecio. Y añadió:
-Si no baja usted mañana...
Y luego salió.
Al día siquiente la vieja criada, deseperada quiso vestirla; pero la loca empezó a chillar, forcejeando. El oficial subió rápidamente; la vieja se echó a sus plantas, gritando:
-No quiere, señor, no quiere. Perdónela usted; ¿es tan desgraciada!
El soldado estaba turbado, no atreviéndose, a pesar de su cólera, a hacerla sacar de la cama por sus subordinados. Pero de pronto se echó a reír y dio algunas órdenes en alemán.
Pronto se vio salir un destacamento que sostenía un colchón, como si llevaran en él un herido. En quella camma la loca permanecía indiferente, tranquila, silenciosa, pues la dejaban estar acostada. Un hombre que iba detrás llevaba un lío con vestidos de mujer.
El oficialdijo, frotándose las manos:
- Ya veremos ahora si puede usted vestirse sola y dar un paseíto.
A quel cortejo se alejó en dirección al bosque de Imauville.
Dos horas después los soldados volvieron solos.
La loca no apareció más. ¿Qué habrían hecho de ella?
¿Dónde se la llevaron? No se supo jamás.
La nieve caía sin tregua, de sía y de noche, cubriendo campos y bosques con una mortaja de blanca y helada espuma. Los lobos Aullaban junto a las puertas del pueblo.
No me abandonaba el pensamiento de aquella mujer desaparecida. Di muchos pasos cerca de las autoridades prusianas, para ver si conseguía alguna noticia. Por poco me fusilaban.
Llegó la primavera. El ejército de ocupación se retiró.
La casa de mi vecina continuaba cerrada. Hierbajos y musgo crecían en los patios y en las avenidas del jardín.
La vieja criada murió durante el invierno. Nadie pensaba ya en aquel suceso; sólo yo lo recordaba de continuo.
¿Qué hicieron de aquella mujer?¿Habría huido a través del bosque? ¿La habrían recogido en algún punto y enviáronla a un manicomio sin poder obtener indicación alguna de ella? Nada, ningún indicio disipaba mis dudas; pero el tiempo calmó la angustia que aquel recuerdo me producía.
Al otoño siquiente las becadas pasaron a millares, y como la gota me daba una tregua, me llegué al bosque.
Había matado ya tres o cuatro aves picudas, cuando derribé una que cayó en un foso lleno de ramas. Tuve que bajar a él para recoger la pieza. La hallé junto a una calavera. Bruscamente el recuerdo de la loca surgió en mi memoria. Muchos otros sin duda habían espirado en el bosque durante aquel año terrible; pero, no sé por qué, estaba seguro, segurísimo de que había hallado el cráneo de la infeliz maníaca.
De pronto adiviné y comprendí todo. La abandonaron en el bosque, desierto y frío, sobre el colchón; y ella, fiel a su idea fija, se dejó morir bajo la espesa y ligera pelusa de las nieves, sin moverse, sin asustarse.
Luego los lobos la habrían devorado.
Y los pájaros hicieron sus nidos con la lana de su cama destrozada.
Guardé aquel triste despojo. Y hago votos de continuo para que nuestros hijos no vean nunca los horrores de la guerra.
Creo que conocen ustedes mi propiedad del arrabal de Cormeil. La habitaba cuando llegaron los prusianos.
Tenía entonces por vecina una especie de loca cuyo cerebro se trastornó a impulsos de repetidas desgracias. A los venticinco años, perdió, en un mes, a su padre, a su marido y a su hijo recién nacido.
Cuando la muerte entra en una casa vuelve casi siempre inmediatamente a ella, como si conociera la puerta.
La infeliz, abrumada por el dolor, enfermó y deliró durante seis semanas. Después como si un cansancio tranquilo hubiera sucedido a aquella crisis violenta, quedó sin movimiento, sin comer apenas, moviendo solamente los ojos. Cuando la querían hacer levantar gritaba como si la mataran. Dejáronla, pues, tendida, y únicamente la sacaban de la cama para limpiar y para volver los colchones.
Una criada vieja la servía, dándole de beber y haciendo que de cuando en cuando comiera un poco de fiambre. ¿Qué ocurría en el fondo de aquella alma desesperada? Nadie lo supo jamás; porque la cuitada no volvió a hablar. ¿Pensaba en los muertos? ¿Soñaba sin idea fija? Quizá su pensamiento anulado estaba inmóvil como el agua corriente.
Durante quince años permaneció de aquel modo, muda e inmóvil.
Llegó la guerra y a primeros de diciembre los prusianos penetraron en Cormeil.
Me acuerdo como si fuera ayer. Helaba de un modo horrible. Estaba yo inmovilizado en un sillón, a consecuencia de un ataque de gota, cuando oí el ruido pesado y rítmico de sus pasos. Les vi pasar desde mi ventana.
Desfilaban sin cesar, todos iguales, con esos movimientos peculiares. Los jefes alojaron a los soldados. Yo alojé diecisiete. A la loca le tocaron doce, entre ellols un comandante que era un verdadero borracho, violento, adusto.
Durante los primeros días no ocurrió nada de particular. Habían dicho al comandante que su huéspeda estaba enferma, y poco le importab. Pero el no ver nunca a su huéspeda le irritó; se informó de queé enfermedad tenía, y le contestaron que hacía quince años que no se movía de la cama. No le creyó sin duda e imaginó que la pobre demente permanecía en cama para no ver a los extranjeros, para no hablarles ni rozarse con ellos.
Exigió que la señora le recibiera; le hicieron entrar en su cuarto. Preguntó con tono adusto y estropeado el francés:
-Señora, le ruego que se levante y que baje, para que le veamos.
Ella volvió hacia el militar sus ojos vacíos, sin expresión y no replicó.
-No toleraré insolencias. Si me levanta usted de grado se levantará por fuerza; ya hallaré medio de hacerla pasear.
No hizo la infeliz ni un ademán y permaneció inmóvil como si nada hubiera visto.
El comandante se enfurecía creyendo ver en aquel silencio una prueba de supremo desprecio. Y añadió:
-Si no baja usted mañana...
Y luego salió.
Al día siquiente la vieja criada, deseperada quiso vestirla; pero la loca empezó a chillar, forcejeando. El oficial subió rápidamente; la vieja se echó a sus plantas, gritando:
-No quiere, señor, no quiere. Perdónela usted; ¿es tan desgraciada!
El soldado estaba turbado, no atreviéndose, a pesar de su cólera, a hacerla sacar de la cama por sus subordinados. Pero de pronto se echó a reír y dio algunas órdenes en alemán.
Pronto se vio salir un destacamento que sostenía un colchón, como si llevaran en él un herido. En quella camma la loca permanecía indiferente, tranquila, silenciosa, pues la dejaban estar acostada. Un hombre que iba detrás llevaba un lío con vestidos de mujer.
El oficialdijo, frotándose las manos:
- Ya veremos ahora si puede usted vestirse sola y dar un paseíto.
A quel cortejo se alejó en dirección al bosque de Imauville.
Dos horas después los soldados volvieron solos.
La loca no apareció más. ¿Qué habrían hecho de ella?
¿Dónde se la llevaron? No se supo jamás.
La nieve caía sin tregua, de sía y de noche, cubriendo campos y bosques con una mortaja de blanca y helada espuma. Los lobos Aullaban junto a las puertas del pueblo.
No me abandonaba el pensamiento de aquella mujer desaparecida. Di muchos pasos cerca de las autoridades prusianas, para ver si conseguía alguna noticia. Por poco me fusilaban.
Llegó la primavera. El ejército de ocupación se retiró.
La casa de mi vecina continuaba cerrada. Hierbajos y musgo crecían en los patios y en las avenidas del jardín.
La vieja criada murió durante el invierno. Nadie pensaba ya en aquel suceso; sólo yo lo recordaba de continuo.
¿Qué hicieron de aquella mujer?¿Habría huido a través del bosque? ¿La habrían recogido en algún punto y enviáronla a un manicomio sin poder obtener indicación alguna de ella? Nada, ningún indicio disipaba mis dudas; pero el tiempo calmó la angustia que aquel recuerdo me producía.
Al otoño siquiente las becadas pasaron a millares, y como la gota me daba una tregua, me llegué al bosque.
Había matado ya tres o cuatro aves picudas, cuando derribé una que cayó en un foso lleno de ramas. Tuve que bajar a él para recoger la pieza. La hallé junto a una calavera. Bruscamente el recuerdo de la loca surgió en mi memoria. Muchos otros sin duda habían espirado en el bosque durante aquel año terrible; pero, no sé por qué, estaba seguro, segurísimo de que había hallado el cráneo de la infeliz maníaca.
De pronto adiviné y comprendí todo. La abandonaron en el bosque, desierto y frío, sobre el colchón; y ella, fiel a su idea fija, se dejó morir bajo la espesa y ligera pelusa de las nieves, sin moverse, sin asustarse.
Luego los lobos la habrían devorado.
Y los pájaros hicieron sus nidos con la lana de su cama destrozada.
Guardé aquel triste despojo. Y hago votos de continuo para que nuestros hijos no vean nunca los horrores de la guerra.
viernes, 7 de agosto de 2009
Tristan Tzara
Humilde recuerdo para un ángel que fue ultrajado y que yace en un sueño profundo.
Feliz día Panchita!
Agua salvaje
los dientes hambrientos del ojo
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo
el triángulo sostiene otro triángulo
el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol dientes cargados de sueño
el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la canción
una pipa que se fuma en el compartimiento de fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos
todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora
su ojo sólo se abre para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento
allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles
Feliz día Panchita!
Agua salvaje
los dientes hambrientos del ojo
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo
el triángulo sostiene otro triángulo
el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol dientes cargados de sueño
el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la canción
una pipa que se fuma en el compartimiento de fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos
todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora
su ojo sólo se abre para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento
allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles
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miércoles, 5 de agosto de 2009
Niños: ángeles eternos
Mi ser interno se destroza, al ver tanta inmundicia que vive dentro de nuestra sociedad.
Atacando ángeles que comparten nuestra vida que nos entregan su alegría, que nos enseñan a volver a soñar.
No puedo creer que destrocen algo tan bello, delicado.
He nacido para guiarlos en su camino del aprender y esos seres destrozan sus vidas.
Pequeños seres engendrados que no saben que les espera.
Todos somos iguales dentro del vientre de nuestra madre.
Madre esa palabra tan sagrada,llena de honor.
Me arrodillo ante ellas,que nos entregan sus suspiros, nos dan hasta lo que no poseen, sus manos llenas de cicatrices que más que cicatrices son heridas de guerra.
Niños que linda palabra, se merecen lo mejor de nosotros, ángeles que vienen a arriesgar su vida, inyectando su ingenuidad.
Con una carcajada acaban con todo pesar.
El futuro de la humanidad.
Hay que enseñarles, alimentarlos de fe de esperanza; de surgir y no traspasarles nuestras penas, rabias, traumas, trastornos.
Amémoslos, démosles buenos ejemplos.
La moral es opción de cada uno.
Pero la ética es lo que debemos cuidar.
Darles buenos ejemplos.
Atacando ángeles que comparten nuestra vida que nos entregan su alegría, que nos enseñan a volver a soñar.
No puedo creer que destrocen algo tan bello, delicado.
He nacido para guiarlos en su camino del aprender y esos seres destrozan sus vidas.
Pequeños seres engendrados que no saben que les espera.
Todos somos iguales dentro del vientre de nuestra madre.
Madre esa palabra tan sagrada,llena de honor.
Me arrodillo ante ellas,que nos entregan sus suspiros, nos dan hasta lo que no poseen, sus manos llenas de cicatrices que más que cicatrices son heridas de guerra.
Niños que linda palabra, se merecen lo mejor de nosotros, ángeles que vienen a arriesgar su vida, inyectando su ingenuidad.
Con una carcajada acaban con todo pesar.
El futuro de la humanidad.
Hay que enseñarles, alimentarlos de fe de esperanza; de surgir y no traspasarles nuestras penas, rabias, traumas, trastornos.
Amémoslos, démosles buenos ejemplos.
La moral es opción de cada uno.
Pero la ética es lo que debemos cuidar.
Darles buenos ejemplos.
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